Fundación Tiempos

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Premio Fundación Bunge y Born

Discurso de  Carlos A. Aschero

Premio Fundación Bunge y Born – Arqueología 2001

Buenos Aires, Agosto 16 de 2001.

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 Sres. Miembros y Sr.Presidente del Consejo de Administración de la Fundación Bunge y Born, autoridades  presentes, estimado público:

Quiero dejar ante ustedes mi agradecimiento al Jurado que me otorgó tan importante distinción y a la Fundación Bunge y Born por su decisión de adjudicar este año el premio a la Arqueología, dentro del amplio espectro de disciplinas en que la Ciencia argentina se despliega. Y quiero rescatar esto último,  por encima de lo que me compete a nivel personal, porque creo que tras esta distinción  hay otros dos planos de lectura que merecen una especial referencia.

El primero tiene que ver con destacar el estímulo que la Fundación da a la ciencia a través de estos premios y su apoyo a la educación argentina a través de su programa de ayuda a las escuelas rurales. En este cumpleaños de la Fundación y como ciudadano no puedo dejar de agradecer esto porque ciencia y educación son precisamente dos temas cruciales para nuestro país aquí y ahora. Un país que recorta su inversión en Ciencia y en Educación, sin prever el costo que esto implica, es uno que empieza a borrar su cara del espejo del mundo.  Por eso lo que fundaciones privadas como Bunge y Born,  Antorchas, YPF o tantas otras hacen por la investigación y la educación debería ser un ejemplo a imitar por políticos y gobernantes… y no una oportunidad para bajar la guardia o dejarse estar. La ciencia y la educación argentinas necesitan de la más alta decisión política para trazar – y asegurar cumplir –  programas a largo plazo, que nos permitan a científicos y universitarios planear acciones posibles y no inciertas, que nos deje concentrarnos en el trabajo, que nos de un margen de aliento para planear crecer y formar nuevos recursos humanos con esperanzas de futuro …y no tener que estar inventando estrategias, día a día,  para achicarnos cada vez más. No me cabe duda que los que han sido siempre nuestros organismos oficiales de apoyo y ayuda financiera, el  CONICET, la SETCIP y los Consejos de Investigaciones de las Universidades Nacionales, también la están esperando.

Otro plano atañe a este reconocimiento de la Arqueología, con un espacio ganado dentro de la ciencia argentina, que es reconocido como tal y que, distinciones como estas,  incentivan a que la prensa difunda cuáles son sus campos de investigación y que el público en general acceda a ellos. Los arqueólogos necesitamos no sólo que se expandan las posibilidades de tener nuevas fuentes de subsidios para la investigación, sino también que el público y los estamentos políticos y  administrativos conozcan que existimos, que sepan cuál es  nuestra competencia.  Nuestra competencia es esa parte del patrimonio cultural, la del patrimonio arqueológico, como recurso no renovable. Con un patrimonio que en su mayor parte está sepultado pero que hace también a nuestro rostro de país en el  mundo. Patrimonio indígena, colonial o de nuestra historia más reciente, que tiene que ver con las vidas cotidianas,  con los acontecimientos sin textos, sin voces, sin nombres. La Arqueología tiene que ver con esto, un contar las historias no escritas o las entrelineas de lo ya escrito. Lo que quedó de lo que realmente se hizo, la materia más pura del hacer humano: sus rastros.

En ese hacer de la Arqueología hay productos renovados de conocimiento que deberían llegar mas fluidamente a todos los niveles educativos. Nuestras escuelas necesitan saber la historia de su propia región, saber que su puesto en América va mucho más allá de aquellos postes fundacionales. Que se sumerge en tiempos mucho más profundos de riqueza o de dolor. Una Historia que va  mucho más allá de la de los supuestos vencedores.   Aquí y allá,  tierra adentro,  hay Comunidades indígenas que reivindican su identidad, que piden saber lo más profundo de su propio pasado y que se enorgullecerían mostrándolo a los alumnos de su escuelita o al turista que llega. La arqueología en Argentina tiene mucho para decir sobre la realidad de lo que pasó y para ese interlineado sobre de lo que se dijo de lo que pasó. …La leyenda de los vencidos ya no va más. En este mundo globalizado el conocimiento de la diversidad cultural, su  respeto, su sostenibilidad, es la mayor riqueza a la que podemos aspirar y por la que no podemos dejar de luchar, más allá del  placer de descubrirla y del compromiso de defenderla.

Han de saber ustedes que muchas veces, cuando nuestros pinceles descubren artefactos,  fogones,  vestigios de la vida cotidiana de hace 8 o 9 mil años en la Puna o en la Cordillera patagónica, o los vestigios sepultados en los fondos de una vieja iglesia jesuítica, inmediatamente pensamos en lo que significaría un museo de sitio allá,  para la  gente de esa comuna, para el campesino o para ese paisaje. ¿Soñamos…? Sí.. soñamos un sueño casi siempre inalcanzable. Porque nuestra realidad son los sitios arqueológicos cada vez más perturbados, los contextos arqueológicos destrozados por la topadora que ya pasó,…o por ese estudio de impacto ambiental que se pasó por alto… o por un acceso turístico que ha sido abierto sin los asesoramientos adecuados.

Para revertir esto – para hacer que ese patrimonio arqueológico sea una fuente de conocimientos y, a la vez de ingresos para las comunas rurales, a través de un turismo bien programado y asistido- necesitamos urgentemente el apoyo de los legisladores nacionales y provinciales para lograr una Ley Nacional que refuerce y compatibilice las distintas leyes provinciales y una sustancial mejora de estas últimas, incorporando reglamentaciones sobre estudios de impacto y acciones de rescate arqueológico, sobre situaciones de tráfico ilegal o comercio ilícito.

En lo personal debo decirles que el trabajo del arqueólogo es un trabajo en equipo y por eso no puedo terminar sin agradecer sinceramente a todos aquellas compañeras o compañeros de fríos, vientos, polvaredas y de tantos fogones compartidos, que con su voluntad y su esfuerzo, hicieron posible el éxito de cada campaña, de cada descubrimiento. Muchos de ellos están hoy aquí y saben que sé y reconozco que sin ellas o ellos nada hubiera sido posible. Pero hay muchos más que no están aquí y cuyos nombres  mencionamos en las soledades y bellezas de sus paisajes: los que fueron nuestros guías, baqueanos y anfitriones: maestros de vientos, sendas, fuegos y reparos. ..y los mejores custodios que el patrimonio arqueológico puede tener en esos paisajes. A los que están allá esperando nuestro regreso  y a los que ya no están … los sumo a este agradecimiento; porque son  ellos, los que nos hacen sentir la verdad, la dura realidad y la belleza de la tierra que pisamos….y dan sentido a nuestro  compromiso con un país que existe y subsiste mucho más allá de los riesgos financieros y las estadísticas de bolsa.

Finalmente, creo, que la búsqueda de la diversidad cultural y su respeto tienen que ver con el ejercicio de la libertad bien entendida. Investigar, descubrir y crear en libertad es un impulso, un aliento, algo que se aprende desde chicos en las relaciones de la familia y las parejas, entre juegos y viajes… y que, en mi caso,  se consolidó luego entre pizarrones,  esperanzas compartidas, entre largos sueños y en cada uno de esos fogones. Y ese aliento es algo que no puedo dejar de agradecer a mis padres, a sus enseñanzas y a su apoyo incondicional, cuando la Antropología y el Arte fueron una decisión de vida. Tengo la inmensa fortuna de tener a mi madre, Clotilde Gauna , sentada hoy entre ustedes. Con sus noventa años de edad y de Historia a cuestas,  ella merece – por su lucidez, su vitalidad y su capacidad para seguir soñando con un país más justo y  digno –  que este premio le sea enteramente dedicado.

Gracias a todos por estar hoy aquí.